Enrique Polanco: dos décadas de color y memoria

La obra de Enrique Polanco (Lima, 1953) ha sabido capturar la nueva identidad que ha ido imponiéndose en Lima y el Perú en las últimas décadas. Nuestra capital dejó atrás ese pasado señorial, tradicionalmente gris, y fue tomando para bien y para mal el fulgurante color de la modernidad popular. Una estética que estalla ante los ojos del espectador, impregnada en los carteles chicha, en las paredes de las casas y edificios, y en sus agitadas calles, plazas y mercados, pero también en los rostros y cuerpos de sus habitantes.

La obra de Polanco, en ese sentido, ha hecho suya esa metamorfosis del color urbano-marginal y le ha otorgado una nueva categoría plástica que dialoga con el  expresionismo. Esto puede constatarse en Pinturas: dos décadas de color y memoria, una exposición que puede verse hasta el 20 de julio en el ICPNA, de Miraflores, y que reúne cerca de sesenta pinturas al óleo y una decena de serigrafías, que dan cuenta del recorrido vital y pictórico del artista.

Pero en esta transformación está también el telón de fondo de una ciudad y de un país que agoniza como esos cines narginalizados y transformados en iglesias evangélicas que Polanco retrata muy bien como si formaran parte de una macabra mascarada. Como afirma el curador Augusto del Valle, a lo largo de dos décadas, Polanco ha sabido encontrar “un buen número de personajes y escenarios: la arquitectura kitsch de la modernidad criolla de mitad del siglo XX en Lima que, de una manera inesperada, va hacia el encuentro de espacios de consumo consagrados al comercio informal y típico de la década de 1990; el maniquí y la mercancía en la calle; así mismo, presencias fantasmáticas propias del siglo XXI, al acecho del soñador despierto; además de la figura de la muerte (y del “loco calato”), entendida como alegoría de la precariedad social”.

En estos personajes, en estas calles y presencias urbanas, bulle una obra que nos atrapa, nos encandila e interpela, a partir de la sensibilidad de un artista como Polanco. Para mirar y sentir.

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