Sara Flores, la dama del kené, en la 61.ª Bienal de Venecia

Esta es una Bienal marcada por la tragedia y la polémica: su curadora general, la camerunesa Koyo Kouoh, falleció inesperadamente en 2025, y la artista Henrike Naumann, quien representaba a Alemania, murió en febrero pasado. Ambas víctimas de cáncer. De otro lado, el jurado oficial renunció los primeros días de mayo como protesta por la presencia de los pabellones de Rusia e Israel, mientras se realizaban movilizaciones contra la guerra en Gaza, como un signo del convulso mundo en que vivimos. Por este motivo, los tradicionales premios de la Bienal serán entregados, en noviembre próximo, solo con los votos del público y no de un jurado calificado.

En este escenario, el Pabellón Peruano presenta por primera vez a una artista indígena como Sara Flores (Tambo Mayo, 1950), exponente del milenario arte del kené, esos míticos y mágicos diseños geométricos
característicos de la nación shipibo-konibo, que habita la selva del Ucayali. Se debe destacar también la presencia de la ceramista shipiba Celia Vásquez Yui, en la exposición central de la Bienal, donde ya antes —en 2024— participaron los artistas uitotos Santiago y Rember Yahuarcani (padre e hijo), con pinturas de gran formato.

De otros mundos

La exposición de Sara Flores, titulada De otros mundos, reúne pinturas en gran formato y esculturas en forma de mosquiteros, que flotan sobre la sala, y ponen en primer término el arte del kené, ese sistema visual inspirado en representaciones míticas, conocimientos ancestrales y efectos producidos por el consumo mágico de plantas como la ayahuasca o el piri piri. Una práctica relacionada con las mujeres de la nación shipibo konibo y expresada tradicionalmente en el bordado, los textiles y la cerámica, desde donde ha derivado hacia la pintura, los murales, el video y otras expresiones del arte indígena contemporáneo.

La exposición comisariada por Armando Andrade, ha sido realizada bajo la curaduría de Isella Ccoyllo y Matteo Norzi, director del Shipibo Konibo Center, de Nueva York, quienes han buscado relacionar el trabajo realizado por Sara Flores con el concepto central de la Bienal que este año está expresado en la frase In Minor Keys (En claves menores), desarrollado por Koyo Kouoh, quien propuso escuchar el mundo de otra manera, siguiendo una metáfora musical, que apunta hacia la introspección, la melancolía, la fragilidad, las emociones íntimas, las historias marginales de los sobrevivientes y de los pueblos periféricos como respuesta ante un mundo cada vez estridente, plagado de guerras y hegemonía digital.

En ese aspecto, Flores ha destacado en más de una entrevista que el kené es, ante todo, una expresión colectiva y que detrás de cada una de sus piezas, por más personales que fueran, están expresadas las historias y el espíritu de su comunidad, un pueblo afectado por la destrucción de los ecosistemas naturales, la violencia y la pobreza económica, lo cual ha llevado a muchos de sus integrantes a migrar y vivir precariamente en una comunidad autogestionaria conocida como Cantagallo, ubicada a pocas cuadras del centro histórico de Lima.

La exposición De otros mundos puede visitarse hasta el 22 de noviembre en el complejo expositivo del Arsenale, en la Bienal de Venecia.

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