«Somos raíces»: Santiago Yahuarcani y Nereyda López

Hace más de 40 años, Santiago Yahuarcani, heredero de la nación utitoto y del clan de la Garza Blanca, comenzó a construir una obra que lo ha llevado a recrear los mitos, visiones, saberes y relatos de su pueblo sobre una corteza natural llamada llanchama. Su esposa, Nereyda López, de ascendencia tikuna y cocama, lo ha acompañado en las últimas décadas en esta tarea, a partir de la construcción de máscaras y esculturas elaboradas con fibras naturales del bosque, extraídas de esa selva ubicada a orillas del río Ampiyacu, en Pebas, Loreto, donde ambos viven junto con sus hijos y nietos.

Ahora el arte del Santiago y Nereyda —casi setenta obras, entre pinturas y esculturas—, puede verse por primera vez fuera del Perú, en el Círculo de Bellas Artes-Casa Europa, de Madrid, en una exposición títulada de “Somos raíces”, desarrollada bajo la curaduría de Isabella Lenzi y Rember Yahuarcani, uno de los hijos de la pareja, quien también ha creado una prolífica obra propia, inspirada, sobre todo, en los relatos que le contaba su abuela Martha López.

Relatos pictóricos

 En sus obras, Santiago y Nereyda reivindican no solo la memoria de sus pueblos, afectados por la tragedia del caucho, a inicios del siglo XX, sino elaboran una cosmovisión propia, a partir de grandes relatos pictóricos que reactualizan el rico mundo espiritual de sus antepasados: sus génesis, sus costumbres, sus danzas, sus batallas, su vida cotidiana y su comunicación permanente con los diversos planos de la existencia indígena.  

En las exhuberantes telas pintadas de Santiago (cuadros como “El hombre corazón de piedra” o “Paraíso de los espíritus” o “El refugio que se hizo horno”) y en las misteriosas esculturas de Nereyda (“Dueño del tabajo” o “Dueño del machimango”) están presentes dioses y seres que reivindican el diálogo entre lo natural y lo humano, y denuncian a la vez siglos de violencia, extractivismo y saqueo cultural, hechos que han afectado —y siguen afectando— a las comunidades indígenas y sus habitantes.  Como afirman los curadores, “sus creaciones desafían las narrativas coloniales, buscando abrir un espacio para el reconocimiento y la visibilidad de la cultura y de las voces indígenas”.

Más información:

Santiago Yahuarcani y Nereyda López son dos de las presencias más relevantes del arte indígena contemporáneo. Santiago formó parte de la última edición de la Bienal de Venecia (2024) y, con Nereyda, estuvo presente en la Bienal de Toronto (2024) y en la Bienal del Mercosur (2025). Santiago pinta principalmente con tintes naturales sobre llanchama, un tejido vegetal obtenido de la corteza del renaco, una planta endémica de la región. Nereyda, por su parte, construye sus esculturas y máscaras con semillas, raíces y fibras, recogidas con paciencia y respeto en su entorno.

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